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Es muy común econtrarse con prejuicios sobre hacer cosas en solitario. Nuestra primera reacción cuando vemos a alguien comiendo solo, tomando el sol en la playa o viendo una película en el cine, es que no tiene a nadie con quien ir. Muchas veces hasta nos da pena. No hace mucho tiempo, yo fui la persona que sufrió la compasión de los demás.

Había decidido que quería viajar solo, vivir la experiencia de enfrentarme a nuevos retos y conocer una ciudad tan maravillosa como Nueva York. Cuando se lo dije a mi familia y algún amigo, todos pusieron cara de sorpresa, incluso extrañados me preguntaron: ¿cómo se te ocurre viajar sólo?

Al principio sentí un poco de enfado con ellos, pero luego simplemente lo dejé pasar y les dije:

no quiero perderme cosas en la vida sólo porque no tenga a nadie que me acompañe“.

Desde entonces tengo claro que viajar en solitario no es algo malo, ni algo por lo que tengas que preocuparte o sentirte triste. ¡Es algo increible! Aprendí que son muchas las ventajas que ofrece y me gustaría compartirlas contigo.

1. Haces lo que te gusta en todo momento, sin depender de nada ni nadie

Viajar en grupo tiene sus aspectos positivos pero uno de los problemas que siempre surge es ponerse de acuerdo con los demás. Tú quieres una cosa y ellos otra, por lo que no todas las veces se alcanza un consenso.

A veces hay que ceder para que la armonía sea la mejor posible y, muchas otras, te dejas llevar por las palabras, pues es común que alguien imponga sus ideas por encima del resto.

Ese monumento que tanto te apetecía, esa montaña que tantas ganas tenías de escalar o conocer ese lugar remoto que tanto te apasionaba. Ya nadie se interpondrá en tu camino hacia ello.

Consejo: Aunque hagas un viaje en grupo, no dudes en tomarte un día o una tarde para ti, donde puedas disfrutar de todo aquello que tenías pensado desde el primer momento.

2. Te valoras más y te sientes mejor contigo mismo

Conozco varias personas que no son capaces de hacer nada por su cuenta. Nunca los verás en el parque desconectando a su aire, ni irán nunca al cine solos a ver su película favorita, ni harán ningún tipo de actividad que no sea en compañía de otros. Y todo por el hecho de que los demás piensen que no tienen amigos.

Seamos honestos, alguna vez he pensado lo mismo antes de que hiciera todas esas cosas por mi cuenta. Aprendí que no tenía que importarme lo que pensasen los demás de mi. Si ponían caras raras o me preguntaban sorprendidos, tomarlo como algo natural, con la firmeza necesaria de que eso era lo quería hacer.

Cuando empiezas a viajar por tu cuenta, te sientes mucho mejor contigo mismo. Aprendes a valorarte más, a tener más confianza y a convivir con una sensación de alivio y satisfacción que hasta entonces no habías conocido. Ir a cualquier lugar, explorar sitios desconocidos, descubriendo algo que te hace sentir genial.

close up portrait of hiker looking at the horizon

3. Aprendes habilidades físicas y sociales

El hecho de no depender de nadie que te acompañe en la aventura hace que tengas que decidir por ti mismo todo lo que vas a planear. Aprendes a usar un mapa, a moverte por las ciudades y pueblos, a preguntar a desconocidos cual es la mejor ruta o donde se come barato.

Prestas mejor atención a todo lo que te rodea y ves que eres capaz de realizar muchas cosas que antes pensabas que eran imposibles, simplemente porque no te atrevías o porque alguien las hacía por ti.

Tienes que valerte por ti mismo porque ya nadie va a cuidar de ti. Maduras y te vuelves independiente de los demás. Consigues una confianza plena en tus habilidades, te vuelves más fuerte, tanto física como mentalmente. No permites ser descuidado, porque en el mundo que te rodea no puedes serlo.

Cuando te das cuenta que has alcanzado estos objetivos y has realizado tareas por tu cuenta, tienes una sensación de satisfación plena.

4. Descubres que es lo que más te interesa en el mundo

Viajar en solitario hace que te fijes más en el detalle, que te pares y dediques tiempo a todas aquellas cosa que llaman completamente tu atención. Tienes la libertad para investigar todo aquello que te intriga.

Te conoces mejor a ti mismo y ves cuales son las cosas que más te apasionan y gustan al viajar. Y lo más importante, ¡descubres aquello que no te gusta nada de nada!

Dedicas todo el tiempo de tu viaje a realizar cosas que te gustan y no por complacer a la persona que te acompaña. Seguro que hay un monumento y un barrio muy chulo, pero si a ti no te llama la atención, ¿por qué ir?

Personalmente soy un apasionado de los museos, y dedico mucho tiempo en ello cuando me marcho de viaje. A mi grupo de amigos más cercano les parece aburrido. De esta manera puedo disfrutar al máximo y pasar unos días increibles.

Además, están aquellos que siempre quieren hacerlo todo a correr. Ver el mayor número de monumentos posibles en el mismo día, hacer la mayor cantidad de actividades, como si por ello diesen un premio. Al final acabas estresado e incluso frustrado porque es imposible verlo todo en muy poco tiempo.

Consejo: Las prisas nunca son buenas, y menos cuando estás realizando un viaje. Ir a tu ritmo, disfrutando lentamente, es algo impagable.

5. Al regresar te das cuenta que cambiaste

Al viajar acompañado pones mucho empeño en prestar atención a lo que te dicen y a estar pendiente de lo que puedan hacer. Sin la distracción de otros pones todos tus sentidos en ver lo que te rodea, observando completamente lo que ocurre.

Descubres cosas maravillosas en tus viajes que podrían haberse pasado de largo de no haber estado atento, e incluso tienes la oportunidad de entablar conversación con otras personas, cuanto jamás se te pasaría por la cabeza si hieceses el viaje en grupo.

Disfrutas más de los sonidos, de los aromas, de todo aquello que te rodea en los nuevos lugares que visitas. Todos tus sentidos se centran en ello y tu observación aumenta a un punto desconocido hasta entonces. Esto hace que la experiencia del viaje sea mucho más gratificante y placentera. Ves el mundo de una forma mucho más auténtica.

6. Reflexionas sobre ti mismo y que quieres en la vida

El viaje te hace pensar y sentir lo que piensas en cada momento. Nadie te reprocha tu actitud o te dice lo que piensa sobre ti. Vives el momento y reflexionas sobre todo aquello que te hace sentir el lugar donde te encuentras. Descubres tus pensamientos sobre el tema y lo que estás sintiendo a la vez.

Muy pocas veces en nuestras vidas tenemos la oportunidad de ser sinceros con nosotros mismos, mostrándonos como nos sentimos o como vemos el mundo que nos rodea. El viajar te hace sentir esta experencia, pero no sólo sobre tu aventura sino también una reflexión sobre ti, sobre tu vida, y que es lo que deseas conseguir en el futuro.

7. ¡Puedes darte un capricho!

Puede que seas joven o que en tu día a día controles bastante los gastos, siempre pendiente de pagar todo al día pero no excenderte en caprichos para llegar bien a fin de mes. Viajar en solitario te permite gastar en algo que merezca la pena, que disfrutes al máximo y que hasta ahora no podías hacerlo.

No significa que te tengas que alojar en el hotel más caro de la ciudad o cenar en el restaurante con los mejores platos. Pero si, sentir por un momento que puedes hacer algo que te haga feliz, que te haga sentir libre y que habitualmente no puedes hacerlo. Además no tendrás a nadie a tu lado que te diga que eso es mejor dejarlo para otro momento, o que deberías reconsiderarlo e ir a un lugar más económico.

Pensar en uno mismo por un momento en la vida y dejar las preocupaciones financieras a un lado, que siempre estarán ahí presentes el resto de tu vida.

8. Te vuelves más valiente

Antes de empezar a viajar en solitario solía ser una persona un poco miedica que no se atrevía con nada. Sobre todo me daba mucho reparo hacer cosas a las que no estaba acostumbrado, como si el salir de mi zona de confort fuese algo que me crease inseguridad. Después de volver de mis aventuras sin nadie que me acompañase, poco me intimida.

En mis viajes he vivido situaciones de pánico, frustración e incerteza, momentos en los que no sabes muy bien que hacer y te puedes sentir superado por el momento. Al no tener a nadie que pudiese solucionarlos sólo tenía una vía de escape, la cual fue enfrentarme a ellos.

Pensaba que no podía pero luego me di cuenta de que si, que era más fácil. Nuestra mente nos juega muchas veces malas pasadas y nos limitamos a nostros mismos en cosas que somos capaces de hacer.

No quiero decir que todo haya sido un camino de rosas, pues siempre hay momentos complicados, pero intentar afrontarlos me ha convertido en una persona mucho más capaz.

Debes tener el pensamiento claro de que no hay nada en el mundo que no puedas hacer. ¡Confia en ti mismo y no tengas miedo! Muchas aventuras y experiencias positivas te esperan por delante, para que luego cuentes a tus amigos y familiares, aquellos que se preocupaban por ti.

 

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Viajar es una de mis grandes pasiones, la cual me permite conocer rincones del mundo inolvidables. Me gusta compartir experiencias y dar consejos para que tú también puedas hacerlo de la forma más económica posible.

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